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Dependencia sicológica de la comida, ¿ Cómo superarla?

dependencia alimentaria

Muchas veces el estado emocional nos hace recurrir a la comida para calmarnos, lo que puede generar una verdadera “adicción con la comida”. La sicóloga de Clínica MEDS, Paola Giordani, explica las causas y señala cómo combatir esta dependencia sicológica.

La dependencia sicológica con la comida o también llamado ‘comer emocional’, tiene relación con consumir alimentos sin hambre con el fin de lograr un alivio a corto plazo. Es decir, se utiliza la comida como método de manejo emocional para los estados de ánimo habitualmente desagradables. “Cuando alguien tiene una desregulación emocional o se enfrenta a un problema, tiende a calmarse con la comida; un factor que predispone al aumento de peso. Ello, porque utiliza los alimentos como vía de escape tanto para emociones positivas como negativas. Sucede que las personas que padecen esta dependencia presentan dificultad para controlar su apetito y la impulsividad por comer alimentos altamente calóricos, como, por ejemplo, hidratos de carbono refinados y procesados; alimentos con alta densidad energética: que son aquellos en que en poco volumen aportan muchas calorías, tal como panes, pastas, dulces, refrescos, galletas, papas fritas, entre otros. Los alimentos procesados son aquellos ricos en grasas, azúcar y tienen gran variedad de sabores que buscan mejorar el gusto y, por ende, la experiencia de comer. Esto activa y refuerza el comportamiento adictivo, que influye en los altos índices de obesidad que existen”, explica la sicóloga de Clínica MEDS, Paola Giordani.

La causa biológica de este trastorno alimenticio se explica al considerar que, tanto el consumo de alimentos como el de drogas, desencadenan la liberación de dopamina, que es un neurotransmisor que se correlaciona con el placer y modulación de los circuitos neuronales referidos a la motivación o recompensa. Por ello, asegura la especialista, la adicción a la comida es una enfermedad y debe ser tratada como tal, ya que las personas que sufren este desorden presentan síntomas que no les permiten mantener una buena calidad de vida, además de síndromes de abstinencia al momento de intentar dejar estos patrones alimentarios.

Quienes tienden a caer en esta dependencia sicológica con la comida, son las personas más ansiosas, con dificultad de conocer y manejar sus emociones, y con menor tolerancia a la frustración.

La importancia del tratamiento

Las consecuencias que puede generar a nivel emocional y psicológico este llamado “comer emocional” es el constante sentimiento de culpa, pensamientos obsesivos en relación a la comida, angustia, ansiedad, irritabilidad, estrés, trastornos en el estado de ánimo y de la conducta alimentaria (bulimia, comedor nocturno, trastorno por atracón). También tiene consecuencias a nivel físico, como falta de energía, trastorno del sueño, resistencia a la insulina, Diabetes tipo II, sobrepeso, tensión alta y riesgo cardiovascular, entre otros.

De ahí la importancia de un tratamiento adecuado y oportuno, el cual debe ser realizado por un equipo multidisciplinario, con nutriólogo, nutricionista, psiquiatra y psicólogo, asegura la especialista. “El tratamiento debe ser abordado acorde a las necesidades específicas de cada paciente, ya que ningún caso es igual a otro. Hay que identificar el foco del problema y, de acuerdo a eso, planificar qué tipo de estrategias se utilizará para su abordaje, donde cada área hace su aporte para que le vaya bien”, indica.

La profesional explica que, en estos casos, se suele trabajar con las técnicas de Mindfulness Eating, que se relaciona con el comer consciente, en asociar la alimentación con un momento de cuidarnos, de nutrirnos, de ir saciando nuestro organismo y no nuestras emociones. De comer en calma, no rodeados de estímulos que nos alejan o nos desconectan de nuestro cuerpo y mente. “Es cambiar nuestros hábitos con algunos consejos que vas incluyendo en tus rutinas, que permiten ir adaptándote a nuevas formas. Por ejemplo, no comer con televisión, teléfonos, tablet, etc. Comer lento, dejando en cada bocado el cubierto en el plato, por nombrar algunas estrategias generales”, señala.

También se recurre a la terapia cognitiva conductual y terapia breve estratégica, levantando los recursos que los pacientes tienen, asegurándose de que las tareas y estrategias que se les entregan van a ir siendo efectivas; viendo y manejando la tolerancia a la frustración, la autobservación y el autorregistro de la alimentación, de las circunstancias y estados emocionales que han favorecido un tipo de comida o una gran cantidad de comida, con el fin de que el paciente logre tener mayor información sobre su alimentación y un mejor control sobre ella. “En muchos casos, la alimentación no se cuantifica o es minimizada. La autobservación y el autorregistro permitirá identificar cuáles son los factores que favorecen que el individuo empiece un desorden en su alimentación. El hecho de identificarlos posibilita que, por una parte, se intente controlar la aparición de los mismos y, por otra, se pueda intentar prevenir que se desencadene todo el ciclo”, explica.

En ambas terapias, lo que se busca es trabajar con factores predisponentes que pueden llevar a la dependencia y desarrollar en la persona estrategias que le permitan gestionar esas emociones con alternativas más saludables.

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